¡Good Old Pink! Un grupo que, a los ojos de
muchos es EL grupo. Hablar de Pink Floyd no es una tarea sencilla, ya que es
una de las bandas más veneradas por el público roquero, especialmente en México
y la mayoría de dicho público habla de la banda con mucha pasión. Porque tal
vez se trate, junto con Led Zeppelin, de LA banda que marcó la década de los
setenta, especialmente en el terreno del rock progresivo/art-rock. Hoy en día,
ni siquiera bandas como The Who o solistas como Bob Dylan disfrutan de tan
inmaculada reputación.
Pero en realidad, ¿cuáles son los verdaderos
méritos de la banda, los cuales le asignaron ese lugar tan especial en la historia?
Para empezar, debo expresar una percepción
bastante personal y subjetiva pero que creo que es fundamental para entender a
este grupo. Pink Floyd es una de esas bandas en las que ese viejo dicho de “más
que la suma de sus partes” no sólo se justifica, sino que se debe mencionar. No
recuerdo a otra banda que, como conjunto, funcionará de forma casi perfecta.
Los Beatles, por ejemplo, una vez separados, comenzaron a crear obras maestras
de forma individual (sí, hasta Ringo); los Rolling Stones también tuvieron
algunos álbumes sobresalientes de forma individual; Pete Townshend incluso
escribió dos semiclásicos fuera del ámbito de The Who; y ni siquiera menciono a
las grandes bandas de prog como Jethro Tull o King Crimson, cuyos miembros
saltaban de un proyecto a otro.
¿Pero Floyd? Ni Waters, cuya carrera solista
puede decirse que es la más “sólida”, puede presumir de haber escrito es
solitario un álbum tan cohesivo como “Animals”. Gilmour, quien puede decirse
que es el miembro más talentoso en el plano musical, tampoco logró producir
algo relevante. ¿Mason? ¿Wright? Ni hablar, nada de lo que produjeron se acerca
a los álbumes del periodo de 1972 a 1979. Podría decirse que Barret se acercó a
producir algo relevante, pero ese es otro cantar…
Y esto
es porque, si separamos a cada miembro del grupo, simplemente no existe ese
talento colectivo. A excepción del mencionado Gilmour, ninguno de los miembros
es un gran virtuoso, como ocurría en varios grupos de la “competencia”. Ninguno
de los miembros puede jactarse de ser un gran compositor, al menos en términos
de melodías memorables. Sí, cada seguramente se terminaron odiando (con razón)
y la separación era inminente, pero es preciso hablar de música de Pink Floyd
más que en términos de las aportaciones de cada miembro.
La misma historia de la banda es crucial para
entender su popularidad. La banda fue uno de los actos piscodélicos/avant garde
más conocidos en el Londres de finales de los sesenta. En este primer periodo,
la banda se concentró en varias formas de experimentación musical (algunos
exitosos, otros no) que no se habían escuchado en ese entonces. Experimentos
con percusiones, con feedback, con jams y con las mismas estructuras de las
canciones fueron la norma en este primer periodo de la banda.
Después de ese periodo iniciático, vino el
gran breakthrough (como dirían los
gringos) que va del Dark Side al The Wall. Después de los experimentos, vino
una etapa en la que la banda encontró una especie de “fórmula ganadora” si se
puede decir así. Y es que, en el advenimiento del prog rock y de diferentes
vertientes del art rock, Pink Floyd representaba una gran oferta para el
público de la “élite” roquera: una banda experimental, pero altamente melódica;
una banda capaz de escribir canciones con letras “universales” y que trataban
de muerte, dinero, la futilidad de la vida y el aislamiento (a diferencia de
Genesis, por ejemplo, cuyas letras transpiraban “¡Gran Bretaña!”; o de Yes,
cuyas mensajes universales eran…un tanto difíciles de entender en primera escucha).
Y esto último, al menos para mí, es una gran
desventaja: siempre he pensado que Floyd parece escribir siempre desde el
cerebro y con un tanto de arrogancia (estoy casi seguro que esto se lo debemos
a Waters). Claro, siempre es agradable hablar de lo inevitable de la muerte y
del tiempo, pero en el repertorio de la banda no hay letras poéticas, como lo
que podemos encontrar en Procol Harum. Lo más cercano a una “declaración”
personal es The Wall, pero aún así es la excepción que confirma la regla.
Tal vez esta introducción sea un poco más
larga que las demás, pero Pink Floyd es una banda que PIDE (DEMANDA, de hecho)
una introducción de este calibre. A pesar de sus falencias, Pink Floyd produjo
algunos de los álbumes más memorables de los setenta y ninguna acusación que se
les pueda hacer puede ensombrecer este hecho.
Está demás decir que la discografía de Pink
Floyd es una adquisición obligada en una colección de rock. Es más, tal vez la
obligación sea mayor si no somos tan fanáticos de este estilo, ya que es una de
las pocas bandas que unificó tanto a la crítica snob como al gran público y eso
no es un logro menor.
Discografía:
1967: The
Piper At The Gates Of Dawn
1968: A
Saucerful Of Secrets
1969: More
1969:
Ummagumma
1970: Atom
Heart Mother
1971: Relics
1971:
Meddle
1972:
Obscured By Clouds
1973: Dark
Side Of The Moon
1975: Wish
You Were Here
1977:
Animals
1979: The
Wall
1980: Is
There Anybody Out There? The Wall Live
1983: The
Final Cut
1987: A
Momentary Lapse Of Reason
1988:
Delicate Sound Of Thunder
1994: The Division Bell
1995: P.U.L.S.E

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