martes, 27 de junio de 2017

Bruce Springsteen: Introducción


Bruce Springsteen es un caso único en la historia del rock and roll. Y por “raro” no necesariamente es bueno o malo. Verán, Springsteen es uno de esos artistas que alcanzó fama y reconocimiento mundial, llena estadios y casi siempre está presente en festivales. Sin embargo, al menos en el plano estrictamente musical, es uno de los músicos cuya influencia es mínima en las décadas subsecuentes. O usted, querido lector imaginario, ¿ha escuchado recientemente a algún músico o artista declarar “en esta canción intenté tomar un poco de Springsteen y un poco de Bowie?”. No digo que no existan esos casos. Claro, en el aspecto “mental” o “motivacional”, El Jefe es una influencia para muchos. Sin embargo, más allá de su talento como cantautor, ¿qué aportaciones musicales trajo Springsteen al rock?

La respuesta es difícil de contestar sin entrar en discusiones acerca de lo que verdaderamente importante en su música. Lo más relevante en su carrera es la inclusión de un sonido de big band el cual es notorio en sus primeros álbumes, al incluir metales y un saxofonista (Clarence Clemmons) que en ocasiones toma un papel protagonista en muchos de los primeros tracks del Jefe. Más allá lo que encontramos en su catálogo es la interpretación del rock and roll como lo entiende Bruce. Y, probablemente aquí es donde muchos puedan disentir, pero ahí yace el verdadero Springsteen: en el fondo, en realidad, es un músico conservador. Cuando Jon Landau se refirió a él como “el futuro del rock and roll” creo que a esto se refería: Bruce sería el encargado de “mantener” vivo del espíritu de esta música. Y esto se entiende por la época en la que apareció Springsteen. Con el glam rock y el prog rock ganando notoriedad, quienes veían al rock and roll como un producto meramente estadounidense necesitaban un nuevo portavoz, alguien quien le pudiera hablar a aquellos que no se consideraban demasiado snobs como para escuchar prog, ni lo suficientemente extravagantes para escuchar glam, ni lo suficientemente “duros” para escuchar Kiss y Aerosmith. Bajo esa perspectiva, la aseveración del “futuro del rock and roll” cobra sentido, si por “futuro” entendemos “mantener el rock and roll (o lo que Bruce entiende por rock and roll) intacto”.  Había llegado un artista que le hablaba a la clase media estadounidense, que compartía sus valores y con el que fácilmente se podían identificar, alguien que llegó sin entrenamiento musical previo al estrellato y la notoriedad. Bruce no es un virtuoso, a la Rick Wakeman, ni tampoco un personaje andrógino como Bowie.

Una cuestión importante de este acercamiento a la clase trabajadora estadounidense fue el cómo lo hizo. Verán, Bruce intenta mezclar los talentos de un cantautor, como Bob Dylan et al, con música bombástica. Sí, letras que funcionan como “declaraciones” de la clase trabajadora, que retrata sus angustias y necesidades, pero con música apabullante producida por una Big Band. El mensaje, como lo veo, es el siguiente: “Puedes ser buscar belleza y verdad en tus canciones, como Leonard Cohen, ¡pero también puedes bailarlas al ritmo del rock and roll!”. Este acercamiento es por el que es idolatrado y despreciado en la misma medida.

¡Pero ya nos estamos desviando del tema! Pero, verán, es que con The Boss no queda otra opción. Mucha de su relevancia en la cultura pop deriva de lo anterior, de ese clic que hace su música, sus letras y su imagen con la audiencia. Incluso algunos críticos lo han clasificado como ejemplo del populist rock. Sin embargo, si su importancia sólo fuera por eso, no estaríamos hablando del Jefe en este sitio. Sí, Bruce es conservador; sí, no es un gran compositor de melodías; sí, no ejecuta solos como Clapton; sin embargo, el hombre tiene un talento innegable para las palabras, ha sabido encontrar a los compañeros musicales perfectos para su visión artística (La E Street Band) y logró, desde muy temprano en su carrera, colocarse como uno de los espectáculos musicales más impresionantes del mundo (por todas sus falencias en el plano musical, hay que reconocer que se ganó esa reputación sin ayuda de vestuarios, pantallas gigantes y más accesorios que han usado otras bandas, como Genesis o Pink Floyd).

¿Veredicto final? Difícil, tomando en cuenta que, por todos sus éxitos radiales y docenas de recopilaciones, el Jefe cuenta con pocos álbumes que puedan clasificarse como verdaderas obras maestras (de dos a tres, dependiendo de a quién le preguntes). Una decisión sensata que puede satisfacer a todos es que, si te gusta el rock, te hagas con una recopilación de Bruce Springsteen, ya que en ella encontrarás lo esencial. Ahora, si no eres mucho de ese tipo, puedes adquirir con tranquilidad Darkness on the Edge of Town y The Rising y, a partir de ahí, decidir si necesitas más Bruce en tu vida.

Eso sí (y no soy muy proclive a dar este tipo de recomendaciones), si algún día tienes la oportunidad de ver a Bruce Springsteen en vivo, hazlo sin dudar.

Discografía:

1973: Greetings from Asbury Park, NJ
1973: The Wild, The Innocent and the E Street Shuffle
1975: Born to Run
1978: Darkness on the Edge of Town
1980: The River
1982: Nebraska
1984: Born in the USA
1987: Tunnel of Love
1992: Human Touch
1992: Lucky Town
1995: The Ghost of Tom Joad
2002: The Rising
2005: Devils and Dust
2006: We Shall Overcome: The Seeger Sessions
2007: Magic
2009: Working on a Dream
2012: Wrecking Ball
2014: High Hopes



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