Bruce Springsteen es
un caso único en la historia del rock and roll. Y por “raro” no necesariamente
es bueno o malo. Verán, Springsteen es uno de esos artistas que alcanzó fama y
reconocimiento mundial, llena estadios y casi siempre está presente en
festivales. Sin embargo, al menos en el plano estrictamente musical, es uno de
los músicos cuya influencia es mínima en las décadas subsecuentes. O usted,
querido lector imaginario, ¿ha escuchado recientemente a algún músico o artista
declarar “en esta canción intenté tomar un poco de Springsteen y un poco de
Bowie?”. No digo que no existan esos casos. Claro, en el aspecto “mental” o
“motivacional”, El Jefe es una
influencia para muchos. Sin embargo, más allá de su talento como cantautor,
¿qué aportaciones musicales trajo Springsteen al rock?
La respuesta es
difícil de contestar sin entrar en discusiones acerca de lo que verdaderamente
importante en su música. Lo más relevante en su carrera es la inclusión de un
sonido de big band el cual es notorio
en sus primeros álbumes, al incluir metales y un saxofonista (Clarence
Clemmons) que en ocasiones toma un papel protagonista en muchos de los primeros
tracks del Jefe. Más allá lo que encontramos en su catálogo es la
interpretación del rock and roll como
lo entiende Bruce. Y, probablemente aquí es donde muchos puedan disentir, pero
ahí yace el verdadero Springsteen: en el fondo, en realidad, es un músico
conservador. Cuando Jon Landau se refirió a él como “el futuro del rock and
roll” creo que a esto se refería: Bruce sería el encargado de “mantener” vivo
del espíritu de esta música. Y esto se entiende por la época en la que apareció
Springsteen. Con el glam rock y el prog rock ganando notoriedad, quienes
veían al rock and roll como un producto meramente estadounidense necesitaban un
nuevo portavoz, alguien quien le pudiera hablar a aquellos que no se
consideraban demasiado snobs como para escuchar prog, ni lo suficientemente
extravagantes para escuchar glam, ni
lo suficientemente “duros” para escuchar Kiss y Aerosmith. Bajo esa
perspectiva, la aseveración del “futuro del rock and roll” cobra sentido, si
por “futuro” entendemos “mantener el rock and roll (o lo que Bruce entiende por
rock and roll) intacto”. Había llegado
un artista que le hablaba a la clase media estadounidense, que compartía sus
valores y con el que fácilmente se podían identificar, alguien que llegó sin
entrenamiento musical previo al estrellato y la notoriedad. Bruce no es un
virtuoso, a la Rick Wakeman, ni
tampoco un personaje andrógino como Bowie.
Una cuestión
importante de este acercamiento a la clase trabajadora estadounidense fue el cómo lo hizo. Verán, Bruce intenta
mezclar los talentos de un cantautor, como Bob Dylan et al, con música bombástica. Sí, letras que funcionan como
“declaraciones” de la clase trabajadora, que retrata sus angustias y
necesidades, pero con música apabullante producida por una Big Band. El mensaje, como lo veo, es el siguiente: “Puedes ser
buscar belleza y verdad en tus canciones, como Leonard Cohen, ¡pero también
puedes bailarlas al ritmo del rock and roll!”. Este acercamiento es por el que
es idolatrado y despreciado en la misma medida.
¡Pero ya nos estamos
desviando del tema! Pero, verán, es que con The
Boss no queda otra opción. Mucha de su relevancia en la cultura pop deriva
de lo anterior, de ese clic que hace su música, sus letras y su imagen con la
audiencia. Incluso algunos críticos lo han clasificado como ejemplo del populist rock. Sin embargo, si su
importancia sólo fuera por eso, no estaríamos hablando del Jefe en este sitio. Sí, Bruce es conservador; sí, no es un gran
compositor de melodías; sí, no ejecuta solos como Clapton; sin embargo, el
hombre tiene un talento innegable para las palabras, ha sabido encontrar a los
compañeros musicales perfectos para su visión artística (La E Street Band) y
logró, desde muy temprano en su carrera, colocarse como uno de los espectáculos
musicales más impresionantes del mundo (por todas sus falencias en el plano
musical, hay que reconocer que se ganó esa reputación sin ayuda de vestuarios,
pantallas gigantes y más accesorios que han usado otras bandas, como Genesis o
Pink Floyd).
¿Veredicto final?
Difícil, tomando en cuenta que, por todos sus éxitos radiales y docenas de
recopilaciones, el Jefe cuenta con
pocos álbumes que puedan clasificarse como verdaderas obras maestras (de dos a
tres, dependiendo de a quién le preguntes). Una decisión sensata que puede
satisfacer a todos es que, si te gusta el rock, te hagas con una recopilación
de Bruce Springsteen, ya que en ella encontrarás lo esencial. Ahora, si no eres
mucho de ese tipo, puedes adquirir con tranquilidad Darkness on the Edge of Town
y The Rising y, a partir de ahí,
decidir si necesitas más Bruce en tu vida.
Eso sí (y no soy muy
proclive a dar este tipo de recomendaciones), si algún día tienes la
oportunidad de ver a Bruce Springsteen en vivo, hazlo sin dudar.
Discografía:
1973: The Wild, The Innocent and the E Street Shuffle
1975: Born to Run
1978: Darkness on the Edge of Town
1980: The River
1982: Nebraska
1984: Born in the USA
1987: Tunnel of Love
1992: Human Touch
1992: Lucky Town
1995: The Ghost of Tom Joad
2002: The Rising
2005: Devils and Dust
2006: We Shall Overcome: The Seeger Sessions
2007: Magic
2009: Working on a Dream
2012: Wrecking Ball
2014: High Hopes

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