miércoles, 28 de junio de 2017

Roger Waters: Introducción


¡Oh, el buen y viejo Rog! Uno de los primeros músicos que hizo interesarme en la música rock, hace muchos, muchos ayeres y hubo una época en la que adquirí todo lo que sacaba a la venta…afortunadamente, el tiempo corrige los errores y la luz de la objetividad colocó al líder de Pink Floyd en su justo lugar.

Porque verán, en el mundo de la música en general, y del rock en particular, siempre habrá dos tipos de músicos: los genios y los talentosos. Aquellos pertenecientes al primer grupo, pueden estrenar discos tras discos de calidad variable, pero, aún en sus peores obras, esa genialidad se logra asomar. Por ejemplo, Bob Dylan, Ray Davies, Paul McCartney o Peter Gabriel. Los pertenecientes al segundo grupo, pueden estrenar obras técnicamente correctas, pero carentes de ese “algo” que los hace especiales. El señor Waters pertenece a este último conjunto (y los fanáticos de Floyd no me dejarán mentir). Sí, Waters podrá ser el “genio” detrás de The Wall y The Dark Side of the Moon, como siempre se asegura de comunicarlo en los posters de sus giras, pero ¿cuántas veces hemos escuchado sus discos solistas? ¿Cuándo fue la última vez que escribió una melodía memorable? Si no me equivoco, eso pasó a finales de los setenta.

El gran defecto de Waters es que nunca ha tenido esa capacidad de escribir melodías memorables; incluso, en sus días de Pink Floyd, tenía a Gilmour o Wright para cubrir su espalda; fuera de Floyd, esta carencia se volvió más evidente, lo cual tuvo como resultado una serie de discos bastante “áridos”, por decirlo de algún a manera. Y sí, aburridos. Y no basta más que las pruebas para comprobarlo: en dos de sus álbumes, consiguió el apoyo de Eric Clapton y de Jeff Beck, en parte, supongo, para enmascarar esta carencia melódica en sus composiciones; también el uso de efectos especiales, en la tradición de The Wall, ayudan a desviar la atención de la falta de contenido verdaderamente musical.  Incluso, como bajista, no es un virtuoso como Chris Squire.

El segundo defecto de sus discos en solitario es uno que algunos han considerado una ventaja, y eso es su talento como letrista. Y sí, durante su tiempo en Pink Floyd, escribió algunas de las mejores letras del rock (por ejemplo, en Animals); pero fuera de eso, tiene un estilo bastante “sermoneador” (o preachy, como dirían los gringos); por ejemplo, comparen las letras del Dark Side con alguna letra al azar de Procol Harum. Las letras de esta banda ofrecen imágenes más poéticas que los juicios que lanza Roger en ese álbum. No por nada, muchos críticos dicen que las letras parecen sacadas de la última tesis del doctor Roger Waters y no un trabajo realmente poético o expresivo. Además, tampoco ayuda mucho que, a partir de Animals, sólo hay un modo en el que Waters escribe sus letras y ese modo es el “Angry Waters”: en su obra solista, hay pocos momentos alegres (pocos, poquísimos, hay que escucharlo para creerlo), hay pocos momentos de ternura o de otro sentimiento que no sea sarcasmo o enojo.

Pero, a pesar de todo eso, sus discos tampoco son obras “atmosféricas”, en la vena de Joy Division, Nico o Ministry; comparado con ellos, Roger suena un tanto “inofensivo” e incluso falso. Sí, lo sé, tal vez parezca contradictorio, pero eso muestra que los discos de Waters en realidad logran poco en tantos frentes.

Entonces, ¿adquirir los discos de Waters como solista o no? Eso sólo es recomendable para los fanáticos más aferrados e incondicionales de Pink Floyd. Los demás, pueden adquirirlos pero con precaución. Para los más atrevidos, puede ser un buen experimento para reflexionar sobre cómo hay grupos que son más que la suma de sus partes (Floyd) mientras que hay grupos que eran eso y más (como los Beatles).

Discografía

1970: Music from the Body
1984: The Pros and Cons of Hitch-Hiking
1987: Radio K.A.O.S
1990: The Wall Live in Berlin
1992: Amused to Death
2000: In the Flesh – Live
2002: The Flickering Flame
2015: Roger Waters: The Wall
2017: Is This the Life We Really Want?


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