¡Oh, el buen y viejo Rog! Uno de los primeros músicos que
hizo interesarme en la música rock, hace muchos, muchos ayeres y hubo una época
en la que adquirí todo lo que sacaba a la venta…afortunadamente, el tiempo corrige
los errores y la luz de la objetividad colocó al líder de Pink Floyd en su
justo lugar.
Porque verán, en el mundo de la música en general, y del
rock en particular, siempre habrá dos tipos de músicos: los genios y los
talentosos. Aquellos pertenecientes al primer grupo, pueden estrenar discos
tras discos de calidad variable, pero, aún en sus peores obras, esa genialidad
se logra asomar. Por ejemplo, Bob Dylan, Ray Davies, Paul McCartney o Peter
Gabriel. Los pertenecientes al segundo grupo, pueden estrenar obras
técnicamente correctas, pero carentes de ese “algo” que los hace especiales. El
señor Waters pertenece a este último conjunto (y los fanáticos de Floyd no me
dejarán mentir). Sí, Waters podrá ser el “genio” detrás de The Wall y The Dark Side of
the Moon, como siempre se asegura de comunicarlo en los posters de sus giras, pero ¿cuántas
veces hemos escuchado sus discos solistas? ¿Cuándo fue la última vez que
escribió una melodía memorable? Si no me equivoco, eso pasó a finales de los
setenta.
El gran defecto de Waters es que nunca ha tenido esa
capacidad de escribir melodías memorables; incluso, en sus días de Pink Floyd,
tenía a Gilmour o Wright para cubrir su espalda; fuera de Floyd, esta carencia
se volvió más evidente, lo cual tuvo como resultado una serie de discos
bastante “áridos”, por decirlo de algún a manera. Y sí, aburridos. Y no basta
más que las pruebas para comprobarlo: en dos de sus álbumes, consiguió el apoyo
de Eric Clapton y de Jeff Beck, en parte, supongo, para enmascarar esta carencia
melódica en sus composiciones; también el uso de efectos especiales, en la
tradición de The Wall, ayudan a
desviar la atención de la falta de contenido verdaderamente musical. Incluso, como bajista, no es un virtuoso como
Chris Squire.
El segundo defecto de sus discos en solitario es uno que
algunos han considerado una ventaja, y eso es su talento como letrista. Y sí,
durante su tiempo en Pink Floyd, escribió algunas de las mejores letras del
rock (por ejemplo, en Animals); pero
fuera de eso, tiene un estilo bastante “sermoneador” (o preachy, como dirían los gringos); por ejemplo, comparen las letras
del Dark Side con alguna letra al
azar de Procol Harum. Las letras de esta banda ofrecen imágenes más poéticas
que los juicios que lanza Roger en ese álbum. No por nada, muchos críticos
dicen que las letras parecen sacadas de la última tesis del doctor Roger Waters
y no un trabajo realmente poético o expresivo. Además, tampoco ayuda mucho que,
a partir de Animals, sólo hay un modo en el que Waters escribe sus letras y ese
modo es el “Angry Waters”: en su obra solista, hay pocos momentos alegres
(pocos, poquísimos, hay que escucharlo para creerlo), hay pocos momentos de
ternura o de otro sentimiento que no sea sarcasmo o enojo.
Pero, a pesar de todo eso, sus discos tampoco son obras “atmosféricas”,
en la vena de Joy Division, Nico o Ministry; comparado con ellos, Roger suena
un tanto “inofensivo” e incluso falso. Sí, lo sé, tal vez parezca
contradictorio, pero eso muestra que los discos de Waters en realidad logran
poco en tantos frentes.
Entonces, ¿adquirir los discos de Waters como solista o no?
Eso sólo es recomendable para los fanáticos más aferrados e incondicionales de
Pink Floyd. Los demás, pueden adquirirlos pero con precaución. Para los más
atrevidos, puede ser un buen experimento para reflexionar sobre cómo hay grupos
que son más que la suma de sus partes (Floyd) mientras que hay grupos que eran
eso y más (como los Beatles).
Discografía
1970: Music from the Body
1984: The Pros and Cons of Hitch-Hiking
1987: Radio K.A.O.S
1990: The Wall Live in Berlin
1992: Amused to Death
2000: In the Flesh – Live
2002: The Flickering Flame
2015: Roger Waters: The Wall
2017: Is This the Life We Really Want?

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