viernes, 23 de junio de 2017

Pink Floyd: A Saucerful of Secrets (1968)


1) Let There Be More Light 2) Remember A Day 3) Set The Controls For The Heart Of The Sun 4) Corporal Clegg 5) A Saucerful Of Secrets 6) See-Saw 7) Jugband Blues

“El segundo LP de Pink Floyd es de transición”. El 99% de los sitios comienzan a reseñar este disco con  una frase más o menos similar. Y en cierta parte tienen razón. Este disco se encuentra a medio camino entre el rock “espacial” y el pop psicodélico, en el que el primero intenta empujar al segundo por completo; en un año más, Floyd ya nunca más trataría de componer canciones como “Matilda Mother”.

Ya con Barrett fuera de la banda (aquí, sólo contribuye una canción), el grupo debía encontrar fuerza en las habilidades de ls demás miembros de la banda, especialmente en Waters y Wright. Al menos en lo que respecta a Waters, a calidad de sus canciones mejoró con respecto a su composición de 1967. “Let There Be More Light” abre con una melodía de bajo memorable. “Set the Controls for the Heart of the Sun” es una canción oscura, casi como un mantra en el que se repite el título de la canción, en el que el bajo también tiene una función relevante; la voz de Waters apenas es audible, lo cual ayuda a crear una atmósfera de misterio pero a su vez, de tranquilidad, por extraño que eso pueda parecer.

Sin embargo, la tercera canción de Waters, “Corporal Clegg”, es un desastre. El inicio es bueno y memorable, con un tono pesado de guitarra por parte de Gilmour. Pero luego, la canción se deforma en una especie de marcha militar, con metales, pero cuyo resultado suena algo ridículo. La primera canción de antiguerra de Waters y es notorio que intentó imitar el estilo pop-psicodélico-infantil de Barrett, pero con resultados terribles, por decir lo menos. Afortunadamente, los años por venir, el buen Roger desarrollaría un estilo propio.

Hablando de Barrett, en este LP contribuye con “Jugband Blues”, y es la única canción que conecta en estilo y espíritu a este disco con “The Piper…”. Sin embargo, es una composición con una melodía errática y menos memorable que los peores cortes del disco anterior. Aún así, incluir esta canción es un buen detalle de despedida al “Diamante Loco”.

Wright también contribuye un par de canciones (“Remember a Day” y “See-Saw”). A pesar de que no son canciones malas, no resultan demasiado memorables; incluso parecen un par de composiciones que desearan pasar desparecibidas (al igual que con otros tracks del álbum, la voz está mezclada de tal forma que apenas es audible). Aunque hay buenas armonías vocales, pero son tan tranquilas y relajada que casi pueden servir como “canciones de cuna” hippies. Al igual que Waters, parece que Wright deseaba imitar el estilo de Barrett, pero desprovisto de los ganchos melódicos.

Al parecer, el grupo estaba consciente de esta falencia en la composición individual (al menos en este punto). ¿Cuál es la propuesta que ofrecieron? La solucion a esto es lo que Floyd, al menos en su época dorada, sabía hacer mejor: trabajo en equipo. La mejor pieza del álbum está acreditada al combo Waters-Wright-Gilmour-Mason y esa es la que da título al disco. Es una composicion multiparte, en la que se pueden diferenciar cuatro secciones y es característica del grupo: no es, ni por asomo, un jam, o una improvisación sin sentido. Al contrario, es una pieza totalmente estructurada. 

Primero, se comienza con una atmósfera que va creando un crescendo hasta que escuchamos un loop de batería y la guitarra de Gilmour, que parece que la está aniquilando, para finalizar con el órgano de Wright quien toca algo similar a un requiem.  Puede parecer algo larga (dura 12 miutos) pero es uno de los primeros experimentos (y de los mejores logrados) por parte de Pink Floyd. Y, más para bien que para mal, este sería el modelo en el que el grupo crearía su mejor música: como un esfuerzo totalmente grupal. Nadie en el grupo, al menos ahora (o tal vez nunca, como lo muestran las carreras solistas de los cuatro) poseía el talento suficiente para cargar con la responsabilidad total de un álbum comlpleto.

Así que, ¿merece la pena escuchar “A Saucerful of Secrets”? Depende. Este es uno de esos proverbiales “discos de transición” cuyas desventajas son las más notorias. Aunque el track homónimo vale la pena por sí mismo, el álbum es, más bien, una muestra de lo que vendría en el futuro y no tanto una obra redonda. Proceda bajo su propio riesgo.



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