1) Astronomy Domine 2)
Lucifer Sam 3) Matilda
Mother 4) Flaming 5) Pow r. Toc h. 6) Take Up Thy Stethoscope And Walk 7) Interstellar Overdrive 8) The Gnome 9) Chapter 24 10)
Scarecrow 11) Bike
El disco debut de Pink Floyd, al contrario de
lo que puedan comentar muchos, NO es el clásico perdido en tiempo, como lo
pueden ser otros discos de los sesenta (como Forever Changes de Love o Odessey
and Oracle de los Zombies). Tampoco es el mejor disco del grupo (habrá
muchos quienes prefieran este álbum al sonido más “popular” de las obras
posteriores del grupo, pero dicha aseveración es debatible y sólo sirve para
“sentirse diferente” con respecto a los admiradores de la banda). Lo que sí es
este disco es una muestra del peculiar talento del, en ese entonces, líder de
la banda, Roger “Syd” Barrett.
La característica principal de este disco,
lanzado el mismo año que Sgt. Pepper,
es que muestra una faceta diferente de la psicodelia. Mientras que grabaciones
como el mismo Sgt. Pepper y el Disraeli Gears de Cream tomaron el
aspecto colorido y divertido de la psicodelia para introducir esos elementos en
la música, Pink Floyd prefirió tomar la senda del sonido espacial y friqueado y
definitivamente más oscuro que muchos de los grupos psicodélicos de San
Francisco. El resultado de esta experimentación se muestra en las dos
composiciones más interesantes del disco. Me refiero, por supuesto a “Astronomy
Domine” y “Interstellar Overdrive”. La primera canción tiene un riff de guitarra memorable y el grupo
incluyó toda especie de efectos de sonido, incluso en la voz, para lograr un
sonido que de verdad parece fuera de este mundo. Tal vez no parezca una canción
extraordinaria para nuestros oídos en pleno siglo XXI, pero en verdad es
increíble pensar que lograron ese efecto en pleno 1967. “Interstellar
Overdrive” también tiene un gran riff sólo
que, en este caso, la composición dura mucho. Mientras la guitarra lleva el
riff, no hay problema; pero después, la composición se convierte en una serie
de sonidos desconectados y sin mucha razón de ser (lo único interesante hacia
el final del track es que la banda
logra un efecto similar al de un motor apagándose; genial, ¿no?).
Las canciones de Barrett se asemejan a
“canciones de cuna psicodélicas” y forman un contraste con las canciones
experimentales. La mayoría de las canciones de Barrett tienen, al menos,
melodías definidas (digamos que en esta etapa, el compositor principal todavía
podía escribir canciones coherentes). “Lucifer Sam”, una historia sobre el gato
siamés de Barrett, también tiene un riff
memorable y también es de las mejores canciones del álbum (en realidad, esta
canción me hace pensar que tal vez Barrett es un guitarrista subvalorado).
“Matilda Mother” podrá ser algo menos memorable, pero, de alguna manera, la
línea “Oh mother, tell me more” puede resultar enternecedora en una forma poco
convencional. “Flaming” y “Bike” también
son buenas canciones de pop psicodélico.
Pero, desafortunadamente, no todo el disco
muestra el mismo nivel de calidad en las composiciones. Un gran “contra” de
este disco es el desablance: la mayoría de las canciones notables están en la
primer mitad, mientras que las más olvidables se encuentran en la segunda. ¿Un ejemplo? “Pow r. Toc h.” y “Take
Up Thy Stethoscope And Walk”. Ese par de tracks, colocados a la mitad del disco,
rompen el flujo de manera estrepitosa. La primera comienza como una pieza de
jazz pero al poco rato, degenera en una fiesta de ruidos caóticos e
incoherentes. Y la segunda…es una canción sin melodía, básica y que debió
dejarse fuera del álbum. La voz que repite “Doctor! Doctor!” a lo largo de la
composición es ridícula (extrañamente, es la primera canción escrita por
Waters, quien también ha reconocido que es una canción muy mala; lo bueno es
que sus habilidades mejoraron con el tiempo). “Scarecrow”, “The Gnome” y
“Chapter 24”, mientras que no son desagradables (al menos no como “Take Thy…”)
carecen de ganchos melódicos que resulten tan memorables como las demás
canciones. Lo más notable es que “Chapter 24” tiene letras basadas en el Yijing.
Así que, ¿The
Piper…es uno de los mejores álbumes de 1967? Sí, incluso con competencia
tan fuerte (Sgt. Pepper, Disraeli Gears,
Their Satanics…) y a pesar de sus inconsistencias; las melodías y la
experimentación dieron buenos frutos y cimentaron el camino que seguiría la
banda en las décadas. Además, The Piper… siguió los pasos de los Beatles y
muchas otras bandas de los sesenta al demostrar que se pueden incluir elementos
de experimentación, collages de sonido
y todas clases de efectos en canciones pop. Simplemente por ello, es una buena
adquisición para incluirla en la colección; además, es una adquisición obligada
para los fanáticos de Syd Barrett.

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