miércoles, 21 de junio de 2017

Pink Floyd: The Piper at the Gates of Dawn (1967)


1) Astronomy Domine 2) Lucifer Sam 3) Matilda Mother 4) Flaming 5) Pow r. Toc h. 6) Take Up Thy Stethoscope And Walk 7) Interstellar Overdrive 8) The Gnome 9) Chapter 24 10) Scarecrow 11) Bike

El disco debut de Pink Floyd, al contrario de lo que puedan comentar muchos, NO es el clásico perdido en tiempo, como lo pueden ser otros discos de los sesenta (como Forever Changes de Love o Odessey and Oracle de los Zombies). Tampoco es el mejor disco del grupo (habrá muchos quienes prefieran este álbum al sonido más “popular” de las obras posteriores del grupo, pero dicha aseveración es debatible y sólo sirve para “sentirse diferente” con respecto a los admiradores de la banda). Lo que sí es este disco es una muestra del peculiar talento del, en ese entonces, líder de la banda, Roger “Syd” Barrett.

La característica principal de este disco, lanzado el mismo año que Sgt. Pepper, es que muestra una faceta diferente de la psicodelia. Mientras que grabaciones como el mismo Sgt. Pepper y el Disraeli Gears de Cream tomaron el aspecto colorido y divertido de la psicodelia para introducir esos elementos en la música, Pink Floyd prefirió tomar la senda del sonido espacial y friqueado y definitivamente más oscuro que muchos de los grupos psicodélicos de San Francisco. El resultado de esta experimentación se muestra en las dos composiciones más interesantes del disco. Me refiero, por supuesto a “Astronomy Domine” y “Interstellar Overdrive”. La primera canción tiene un riff de guitarra memorable y el grupo incluyó toda especie de efectos de sonido, incluso en la voz, para lograr un sonido que de verdad parece fuera de este mundo. Tal vez no parezca una canción extraordinaria para nuestros oídos en pleno siglo XXI, pero en verdad es increíble pensar que lograron ese efecto en pleno 1967. “Interstellar Overdrive” también tiene un gran riff sólo que, en este caso, la composición dura mucho. Mientras la guitarra lleva el riff, no hay problema; pero después, la composición se convierte en una serie de sonidos desconectados y sin mucha razón de ser (lo único interesante hacia el final del track es que la banda logra un efecto similar al de un motor apagándose; genial, ¿no?).

Las canciones de Barrett se asemejan a “canciones de cuna psicodélicas” y forman un contraste con las canciones experimentales. La mayoría de las canciones de Barrett tienen, al menos, melodías definidas (digamos que en esta etapa, el compositor principal todavía podía escribir canciones coherentes). “Lucifer Sam”, una historia sobre el gato siamés de Barrett, también tiene un riff memorable y también es de las mejores canciones del álbum (en realidad, esta canción me hace pensar que tal vez Barrett es un guitarrista subvalorado). “Matilda Mother” podrá ser algo menos memorable, pero, de alguna manera, la línea “Oh mother, tell me more” puede resultar enternecedora en una forma poco convencional.  “Flaming” y “Bike” también son buenas canciones de pop psicodélico.

Pero, desafortunadamente, no todo el disco muestra el mismo nivel de calidad en las composiciones. Un gran “contra” de este disco es el desablance: la mayoría de las canciones notables están en la primer mitad, mientras que las más olvidables se encuentran en la segunda. ¿Un ejemplo? “Pow r. Toc h.” y “Take Up Thy Stethoscope And Walk”. Ese par de tracks, colocados a la mitad del disco, rompen el flujo de manera estrepitosa. La primera comienza como una pieza de jazz pero al poco rato, degenera en una fiesta de ruidos caóticos e incoherentes. Y la segunda…es una canción sin melodía, básica y que debió dejarse fuera del álbum. La voz que repite “Doctor! Doctor!” a lo largo de la composición es ridícula (extrañamente, es la primera canción escrita por Waters, quien también ha reconocido que es una canción muy mala; lo bueno es que sus habilidades mejoraron con el tiempo). “Scarecrow”, “The Gnome” y “Chapter 24”, mientras que no son desagradables (al menos no como “Take Thy…”) carecen de ganchos melódicos que resulten tan memorables como las demás canciones. Lo más notable es que “Chapter 24” tiene letras basadas en el Yijing.


Así que, ¿The Piper…es uno de los mejores álbumes de 1967? Sí, incluso con competencia tan fuerte (Sgt. Pepper, Disraeli Gears, Their Satanics…) y a pesar de sus inconsistencias; las melodías y la experimentación dieron buenos frutos y cimentaron el camino que seguiría la banda en las décadas. Además, The Piper… siguió los pasos de los Beatles y muchas otras bandas de los sesenta al demostrar que se pueden incluir elementos de experimentación, collages de sonido y todas clases de efectos en canciones pop. Simplemente por ello, es una buena adquisición para incluirla en la colección; además, es una adquisición obligada para los fanáticos de Syd Barrett. 

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